miércoles, 22 de julio de 2009

La restauración conservadora contra el Proyecto Nacional

La ofensiva restauradora de las políticas antiobreras y antinacionales de los años ’90 ha centrado sus críticas en el secretario general de la CGT, el dirigente de los camioneros, Hugo Moyano. La estrategia de la derecha enquistada en los medios concentrados desde la Reforma Menem a la Ley de Radiodifusión, utiliza a opinadores televisivos y radiales, editorialistas de los grandes medios, y hasta sindicalistas con alma de rompehuelgas, lanzados en ruidoso coro a intentar desprestigiar a Moyano y a debilitar su poder en la central obrera. Es el elegido del momento por las corporaciones mediáticas para tratar de minar el camino emprendido por el pueblo en 2003. En una verdadera operación de pinzas, el autodenominado "periodismo independiente", aliado a otros sectores corporativos, intentan destruirlo.
Los 100 entendemos de estricta justicia y de imperiosa necesidad política hacer un repaso histórico y desentrañar las verdaderas causas de este ataque que, como siempre, están más referidos a los aciertos y a la consecuencia con el proyecto nacional y popular, que a los eventuales errores de una gestión.
En 1991, a poco de iniciado el proceso de liquidación del Estado Nacional, de extranjerización de las grandes empresas públicas y de desindustrialización puesto en marcha por Carlos Menem, Hugo Moyano, al frente del Sindicato de Camioneros, constituyó, junto con la UTA, Aeronavegantes y otros gremios, la Coordinadora de Trabajadores del Transporte, un nucleamiento intersindical, de fuerte oposición a las políticas neoliberales y que sería el embrión de la gran organización de resistencia obrera durante los ’90: el Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA). La privatización de Aerolíneas Argentinas, de ENTEL, de YPF y de las grandes empresas públicas fue resistida por aquel grupo de sindicatos. Fueron justamente los Camioneros y la UTA los principales avales políticos a la candidatura a gobernador de la provincia de Buenos Aires del entonces secretario general de la CGT, el recordado Saúl Ubaldini.
Ya con una conducción cegetista genuflexa a los dictados neoliberales de Menem y Cavallo, el MTA dio una inclaudicable lucha obrera contra la creciente desocupación, la desregulación paulatina del mercado laboral, la caída de los salarios y el empobrecimiento general de la masa trabajadora. Los años 1993, 1994 y 1995 fueron testigos de las huelgas, movilizaciones, actos públicos y ollas populares que repudiaban la política económica menemista, que denunciaban la naturaleza antinacional y liquidadora de las mismas y exigían una vuelta al programa histórico del peronismo. Fueron estas luchas del MTA y su intransigencia ante el menemismo la causa primera de la caída de Domingo Cavallo del ministerio de Economía en 1996.
Hugo Moyano fue, dentro del sindicalismo peronista, uno de los más férreos enemigos de la reelección de Carlos Menem. Manifestó de diversas maneras su oposición a la reforma constitucional de 1994 que la permitió y, al frente del MTA, combatió el intento de Menem de presentarse a una tercera elección.
Desde la revista Línea, primero, y desde el programa televisivo “Desde Abajo”, posteriormente, el MTA elaboró una política alternativa a la del menemismo y el neoliberalismo, incorporando al movimiento obrero a la discusión del conjunto de los problemas políticos del país y no sólo a los aspectos meramente reivindicativos.
Durante esos años que van hasta el 2001, Moyano planteó repetidamente, y con anticipación, la necesidad de salir de la paridad cambiaria uno a uno establecida por Cavallo, que se había convertido ya en un verdadero corsé de hierro para el desarrollo argentino y el bienestar de los trabajadores y el pueblo, sin dejar esa decisión en las caóticas manos del mercado. Predijo en reportajes televisivos y en la prensa, directamente o a través de sus colaboradores, el panorama desolador y desesperante que sobrevino en el 2001, como consecuencia de mantener en el tiempo el absurdo e irracional invento cavallista.
Se opuso a las ART, que derogaban las conquistas laborales e introducían el derecho civil al ámbito de las relaciones de trabajo. Cada una de las pérdidas sufridas por los trabajadores en aquellos oscuros años del menemismo fueron denunciadas y combatidas por el MTA.
Esa lucha continuó sin interrupciones con la llegada de De la Rúa al poder y fue Hugo Moyano quien denunciara pública y judicialmente el famoso escándalo de las coimas a algunos senadores por parte del Poder Ejecutivo, para aprobar la reforma a la Ley Laboral y, fundamentalmente, el gigantesco traspaso de ingresos desde los sectores del trabajo hacia el capital concentrado a través de la tristemente célebre flexibilización laboral. La expresión del operador del gobierno, Alberto Flamarique, sobre “la Banelco” se convirtió en un lugar común de la política argentina merced a las denuncias de Moyano.
Como se ve, de esta suscinta biografía, tiene el establishment argentino, desde su trinchera mediática concentrada, muchas razones para intentar sacarlo de la secretaría general de la CGT. Ha sido, en años recientes, uno de los principales partidarios del gobierno de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández. Logró para los trabajadores la discusión de los convenios colectivos, así como importantes aumentos salariales que restauraron en parte su participación en el PBI.
El gigantesco acto convocado por la CGT en la 9 de Julio, durante la última campaña electoral, y su discurso entroncado con la defensa del proyecto nacional y popular, son las pruebas más claras de la legítima representatividad de Hugo Moyano, y de la conducta leal y honesta hacia los trabajadores, su historia y sus aspiraciones.
Desde Los 100, y sin intenciones de terciar en el ámbito gremial, entendemos que los ataques que hoy recibe el compañero están motivados en esta historia de lucha y lealtad. Quienes lo atacan quieren volver al país de las relaciones carnales con el imperialismo, la desprotección social y la tiranía patronal.

Sobre la declaración de la AEA

El comunicado dado a conocer por la Asociación Empresaria Argentina (AEA) ha puesto en negro sobre blanco el pensamiento del sector más concentrado y globalizado de la burguesía argentina.

Además de expresarse a favor de un nuevo endeudamiento con los organismos multilaterales de crédito –FMI, Banco Mundial, et allia-, por la baja de las retenciones a las exportaciones agropecuarias, por la libertad de precios y el derecho a la propiedad privada, la declaración se refiere de manera sibilina al proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Posiblemente no sea materia de Los 100 responder a las exigencias de política económica y social que plantean estos empresarios monopólicos. Su preocupación por la pobreza y el pedido de su “drástica disminución” resulta incongruente con su posición de desfinanciamiento del estado a favor de los "pooles" sojeros y el chantaje de la Mesa de Enlace. La insincera afirmación de que “La atención de las necesidades de los sectores más vulnerables podrá hacerse de la manera más efectiva en base a los recursos generados por una producción exportable de mayor escala” se contradice, de manera flagrante con el alto porcentaje de trabajo en negro y trabajo infantil que caracteriza a las relaciones laborales en el campo, donde sólo un promedio del 33 % están registrados en la seguridad social; sin descontar la desocupación incrementada por la sojización de los campos.

Pero la declaración se mete en un área que sí corresponde a nuestras preocupaciones cuando sostiene: “debe evitarse toda acción o medida que debilite económicamente a las empresas periodísticas independientes. La libertad de elegir entre la amplia oferta de medios periodísticos existente en la Argentina es potestad exclusiva de los ciudadanos, y no debe ser distorsionada por medio de regulaciones o medidas de Gobierno”.

Los empresarios monopólicos argentinos, como se ve, manipulan y tergiversan el sentido y el texto del proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. En nombre de la “libertad de elegir” a ellos mismos, impiden que otros sectores, sin fines de ganancia empresarial, participen en la comunicación y el periodismo. El eufemismo “empresas periodísticas independientes” oculta la realidad de un sistema mediático formado por un par de grandes empresas cartelizadas, dependientes y tributarias de un inmenso poder económico continental, relacionado con el sistema financiero internacional. Es mentira que exista en la Argentina una “amplia oferta de medios periodísticos”. Solo cuatro monopolios de multimedios absorbe el 84% de la demanda comunicacional en el país. Dos grandes diarios nacionales con intereses y propiedades compartidas, un sistema cuasi monopólico de televisión por cable, la dictadura de los opinadores profesionales pagados por estas empresas y la exclusión de todo pensamiento crítico al sistema mediático son las verdaderas y evidentes características del idílico cuadro que intenta pintar la organización patronal AEA.

La falacia liberal acerca de “los medios de comunicación independientes del poder político” oculta el hecho de que, en nuestros países, el poder político del estado nacional es el único capaz de balancear el apabullante poder económico del capital monopólico. Es imposible una vigencia plena de la democracia comunicacional sin un estado que favorezca con su legislación y accionar a los sectores más débiles de la sociedad, convertidos en consumidores pasivos de una información unilateral y tendenciosa generada por ese mismo sector monopólico y a su servicio. De ahí la necesidad de esta nueva ley –que tanto teme este sector empresarial-, de su amplia discusión en el seno de la sociedad y su sanción parlamentaria.

Si la AEA tiene algo que decir a este respecto que participe en la discusión y debate en foros que se está llevando a cabo en todo el país, sin presiones amenazantes ni falsedades ideológicas.

viernes, 10 de julio de 2009

Tras el resultado de las elecciones

El cuchillo entre los dientes

Por Ariel Magirena

Mucho, y naturalmente, se habló del voto suicida del 28 de junio y sus posibles orígenes. Permítanme sumar algunos aspectos poco presentes en medio de la secuencia de emociones que sucedieron a la sorpresa de los resultados. No es gratuito haber llegado a esta cultura de desidia política, susceptible a la manipulación mediática. El previo de todo esto es la "máquina de matar". Un plan que fue patentizándose desde los bombardeos del 55, los fusilamientos del 56, la proscripción del peronismo y de la constitución del 49, la prisión de los militantes de la resistencia y la prohibición de la palabra. En la década del 70 se profundizó con el genocidio y la peor expresión del terrorismo de estado que se comió una generación y desarticulo la red social. La política desapareció de los hogares como modo de los sobrevivientes de proteger a los más jóvenes. La receta era "no te metas en política" y la frase de diseño de los publicitarios de entonces penetró dramáticamente: "algo habrá hecho" . "algo" (indefinido) y "hecho" (cualquier acción).Y permítanme remarcar esto: lo contrario de "algo" es "nada" y lo contrario de "hacer" es "no hacer" y ese era el mensaje.La política en la argentina sería otra desaparecida si los propios errores del Proceso y la configuración del nuevo modelo geopolítico dictado por el imperio (el de las democracias restringidas) no hubieran sugerido su salida al gobierno militar. La política argentina floreció de un tronco moribundo, con los actores que la dictadura permitió vivir y los pocos que se le escaparon. Con políticos que sirvieran a ese país se construyó la nueva política y, por si la política real resucitara, se materializó el plan para su vaciamiento y desprestigio. Con la política convertida en mala palabra ninguno de los que quieren ser calificados como buenas personas quiso ser político. Y los políticos de militancia aceptaron la roña en la que debieron meterse para hacer política, muchos, poniendo en juego su prestigio. La verdadera sorpresa en este contexto es la irrupción del kirchnerismo. Ya nadie pedía ni esperaba nada de la política. Instalado el paradigma mercantil de la política que aceptó gustoso el progresismo (que sostuvo y fundamento la convertibilidad hasta su muerte en 2002), la aspiración mas ambiciosa del electorado argentino eran la gobernabilidad y, si fuera posible (por favor...) el honestismo.Mientras se buscaba la salida de la crisis (la peor de la historia argentina, se acuerdan?), golpeaban cacerolas, enjuiciaba al estado por sus dólares (cuyo eufemismo era "ahorros") y se inventaba un modo informal (que también se corrompió velozmente) de las relaciones económicas como era el trueque, el gobierno de Néstor Kirchner destruía la Corte Suprema de la mayoría menemista, derogaba los decretos de protección de represores respecto de la justicia extranjera, pasaba a retiro a decenas de altos mandos militares, promovía la política de derechos humanos, imponía una quita de 60 mil millones de dólares a la deuda externa, rompía con el FMI, aniquilaba las relaciones carnales con EUA, restablecía buenas relaciones con cuba, derogaba la ley banelco, recuperaba las paritarias, anulaba las leyes de impunidad, promovía los juicios a los represores, retiraba los retratos de los generales golpistas del Colegio Militar, le daba la ESMA a las madres y los Organismos... alguien necesita acordarse de algo más? Nada de esto estaba en la agenda electoral. Los resultados del domingo son la confirmación de que el electorado argentino está a la derecha de los Kirchner, pero no es gratuito: No es por el GEN argentino. El vacio de la política se consiguió con muerte. Los medios de comunicación actuaron después, sustituyéndola.El problema es que mientras buscamos recuperar la política es indispensable reforzar el modelo en marcha; imaginándonos el peor escenario para el 2011, que es la posibilidad cierta de no tener un nuevo mandato. El peor negocio, quedó demostrado, es el intento de correr a Cristina por izquierda. Aunque les duela a muchos, no hay nada real a la izquierda de este gobierno. El triste papel del infantilismo (dijo Lenin...) de disputarle al gobierno su porción del electorado progresista redundó previsiblemente en el crecimiento de la derecha. Qué tal si los "progresistas" que votaron a Sabattella o a Pino se hubieran comprometido con el momento histórico? El proyecto popular no hubiera perdido nada. Y estamos hablando de los sectores que declaman un discurso progresista!! Esos que van a intentar justificarse señalando como lo hacen los "buchones" las defecciones de la derecha peronista DE LOS QUE SI ESPERABAMOS UNA AGACHADA... Resulta que en lugar de celebrar que Néstor Kirchner conseguía que los grandotes del barrio estuvieran esta vez de nuestro lado la propuesta fue dejarlo solo entre los peores...Pero no estuvo solo. Ni lo está. Hoy escuché uno de los micros de historia que emite Radio Nacional. Contaba que para cuando las invasiones inglesas, los indios Ranqueles (los Tehuelche) habían ofrecido 10 mil lanceros para enfrentar a los "casacas rojas" y una tregua con los "huincas" a tal efecto. Aunque los hombres no fueron aceptados, si la tregua, que permitió la participación de los Blandengues para la reconquista. Los tehuelche no detuvieron nunca su guerra con el blanco, pero entendieron (sin leer a Marx) que era más inteligente sumar fuerzas en la coyuntura contra un enemigo peor y más fuerte: el extranjero.Tal vez solo le queden dos años a esta etapa inesperada de reedición moderada del modelo nacional y popular. La responsabilidad de hoy es, entonces, apoyar a Cristina para saldar la mayor parte posible de las deudas de 60 años con nuestro pueblo. Imponer con todos los medios posibles la recuperación de los resortes estratégicos de la economía y la política social. Robustecer el estado resucitado. Distribuir la riqueza hasta el último centavo de esa caja por la que vienen. Devolver la dignidad a un pueblo que la olvidó y a las generaciones que no la conocieron. Difundir el mensaje, comprometer a los beneficiados y enfrentar al enemigo con la fiereza que supo tener el pueblo argentino. Convencidos y militantes.
"LA PATRIA DEJARA DE SER COLONIA O LA BANDERA FLAMEARA SOBRE SUS RUINAS" (Eva Perón).